Alcohol y conciencia | Lo que nadie te cuenta sobre el efecto energético del alcohol
- delfinaleon
- 24 sept 2025
- 4 Min. de lectura
Una mirada alquímica y emocional sobre el cuerpo, la atención y lo que se pierde sin darnos cuenta.

Vivimos en tiempos donde el cuerpo lo quiere todo: comida ultraprocesada, pantallas encendidas, ruido emocional, sustancias que prometen alivio. Todo está al alcance, todo se consume rápido.
Pero en ese consumo, algo se pierde: la presencia.
La atención se fragmenta, se dispersa, se diluye. Y sin atención, no hay conciencia. Sin conciencia, no hay dirección interna. Y sin esa parte sabia que nos orienta, el cuerpo se mueve… pero no sabe hacia dónde.
Aquí aparece una frase que, aunque no es literal ni académica, encierra una verdad profunda: “Cuerpo come espíritu”.
Esta expresión, hasta donde he podido investigar, no proviene de textos antiguos ni doctrinas específicas, pero se ha popularizado en círculos de conciencia por su fuerza simbólica. Describe lo que ocurre cuando en el cuerpo, saturado de estímulo, placer o sustancias, domina la experiencia interna y apaga la parte más consciente y auténtica de la persona.
Su vínculo con el alcohol es especialmente potente. La palabra alcohol proviene del árabe al-kuḥl, y en alquimia se usaba para nombrar el “espíritu” extraído por destilación —una esencia volátil, invisible, poderosa.
En alquimia vegetal, el alcohol se utiliza para extraer las propiedades, aromas y medicina de las plantas. Disuelve, separa, volatiliza.
Pero cuando el alcohol entra en el cuerpo humano, ocurre algo inverso: en lugar de liberar sabiduría, puede disolver la presencia consciente que nos habita.
Así, “cuerpo come espíritu” se convierte en una advertencia alquímica contemporánea: cuando el cuerpo lo quiere todo, lo esencial se apaga. Y el alcohol, como agente volátil, acelera ese proceso.
Este texto no pretende juzgar ni prohibir. Es una invitación a reflexionar, comprender, recordar, reconectar. Investiguemos sobre el efecto energético del alcohol.
Etimología y alquimia: el origen del espíritu volátil
Como hemos visto, la palabra alcohol tiene raíces árabes y alquímicas. En su origen, nombraba un polvo cosmético. Más tarde, se convirtió en símbolo de lo volátil, lo invisible, lo que se extrae por destilación.
En alquimia vegetal, el alcohol se utiliza para extraer y capturar los principios activos, aromáticos y medicinales de las plantas. Disuelve, separa, volatiliza. Extrae la esencia, la vuelve líquida, disponible, concentrada.
En el cuerpo humano, este mismo proceso puede tener un efecto inverso: disolver la atención, apagar la conciencia, fragmentar la presencia.
La conciencia se apaga y el cuerpo queda en piloto automático
Cuando ingerimos alcohol en exceso, la conciencia se apaga. No desaparece, pero deja de estar al mando. El cuerpo sigue funcionando, pero sin dirección interna clara. Y lo que entra —emociones, impulsos, memorias— no siempre es lo que elegimos conscientemente.
El alcohol desactiva el freno interno y deja el cuerpo expuesto. Por eso tantas personas, al emborracharse, no recuerdan lo que hicieron. La parte más sabia de sí mismas no estaba conduciendo y, otra fuerza, inconsciente, tomó el “coche” y lo llevó —casi siempre— hacia la autodestrucción.
Nuestros cuerpos son vehículos de conciencia. Si esa conciencia se apaga, el cuerpo derrapa. Si se fortalece, el cuerpo baila con presencia y coherencia.
“Cuerpo come espíritu”: una advertencia alquímica para tiempos modernos sobre el efecto energético del alcohol
La frase “cuerpo come espíritu” nos recuerda que el cuerpo puede devorar la presencia de lo auténtico si no hay conciencia. Y el alcohol, como agente alquímico, lo muestra con claridad: disuelve, volatiliza, desestructura. Y si no hay guía, lo que se activa no siempre es luz.
Vivimos en una época donde el cuerpo lo quiere todo: comida, placer, estímulo, sustancia. Un placer efímero disfrazado de felicidad que genera frustración, falta de presencia y pérdida de atención.
Cuando el cuerpo se sobrecarga, la conciencia no lucha: se retira. No porque sea débil, sino porque no encuentra espacio.
Hoy, más que nunca, te invito a recordar que:
✨ El cuerpo es templo, no trinchera.
✨ La conciencia no se impone, sino que se invita.
✨ El equilibrio no se logra con represión, sino con ritual.
Cuida tu cuerpo, sí. Pero no olvides alimentar tu atención. Porque si el cuerpo toma el control sin conciencia ni atención, lo que queda es vacío.
Esta reflexión no busca reprimir, sino despertar. El alcohol no es enemigo: es espejo. Puede ser medicina o sombra, según cómo se use.
Por ello, te invito a:
✨ Cuidar tu energía.
✨ Fortalecer tu atención.
✨ Recuperar tu presencia.
✨ Escuchar tu parte más sabia.
✨ Tomar conciencia sobre el control de tu vida.
El despertar interior no nace del juicio, sino del entendimiento. Honrar el cuerpo como templo, la conciencia como guía, y las decisiones como actos sagrados. Con atención, todo puede ser medicina.
En definitiva…
Supongo que no se trata de dejar de beber.
Se trata de dejar de perderse.
De dejar de apagar la luz interna cada vez que algo duele, pesa o incomoda.
No se trata de castigar al cuerpo.
Se trata de reconciliarlo con tu parte más auténtica.
De devolverle su lugar como aliado, como mensajero, como espacio sagrado.
Porque cuando esa parte sabia de ti está presente, cada gesto se vuelve ritual, cada elección se vuelve sagrada, y cada cuerpo… se convierte en hogar.
Y ese hogar, habitado con atención, ya no necesita anestesia. Solo necesita verdad, presencia y dirección interna.
Gracias por leer con el corazón abierto.
Espero que esta reflexión te acompañe donde más lo necesites.
Y si este texto te tocó, te deseo un feliz viaje con conciencia.
Delfina León



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